Tras la marcha de Eduardo Coudet a River Plate, el Alavés estaba obligado a una operación relámpago para firmar un nuevo entrenador de cara al tramo final de temporada, que apunta a ser frenético en Mendizorroza con el equipo solo dos puntos por encima de la salvación.
Tras unos días de conversaciones, la dirección deportiva blanquiazul ha conseguido llegar a un acuerdo con su opción prioritaria, Quique Sánchez Flores, que según varios medios ya ha aceptado la propuesta del Alavés y en las próximas horas cogerá las riendas del equipo.
Un técnico contrastado
Solo el tiempo dirá si ha sido la elección correcta o no, pero la realidad es que, sobre el papel, parece un movimiento inteligente del Alavés, que incorpora a su banquillo a un entrenador más que contrastado en Primera División, que además tiene experiencia en este tipo de situaciones límite con el descenso agobiando.
Quique llega a un conjunto babazorro tocado tras la dura derrota en el Ciutat de València, y obligado a sacar pronto resultados positivos para escapar de una situación muy comprometida. El Alavés está solo dos puntos por encima del descenso y la dinámica de resultados en las últimas semanas no es demasiado positiva.
El debut más difícil: una final y un reencuentro con la que fue su casa
No empieza de manera precisamente tranquila la aventura de Quique Sánchez Flores en Mendizorroza. Si el contexto por la clasificación ya es complicado, el próximo partido del Alavés lo complica todo aún más. El conjunto blanquiazul visita Mestalla el próximo domingo, en lo que será una auténtica final entre Valencia y Alavés por la salvación. Los de Carlos Corberán, con algo más de margen, están ante una gran oportunidad para dar un golpe casi definitivo a la permanencia en caso de sacar los tres puntos.
Además, para Quique no deja de ser un partido especial al tratarse de un reencuentro con la que fue su casa. El madrileño dirigió al Valencia tres temporadas entre 2005 y 2008 y conserva un gran cariño de la afición blanquinegra. Será recibido con aplausos en Mestalla antes de un partido tenso y trascendental para ambos conjuntos.