La Strade Bianche de 2024 se recuerda como el día en el que Tadej Pogacar no solo venció, sino que transformó la carrera en un castigo colectivo. La Toscana, con sus colinas suaves y sus caminos blancos, amaneció con promesa de épica y acabó con una certeza incómoda para el resto: cuando el esloveno decide que el guion no vale, el guion se rompe.
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