Begoña Vargas (Madrid, 1999) desvela que hacía tiempo que sus entrañas le pedían sacar aquello que llevaba dentro musicalmente hablando y de todas esas inquietudes ha nacido el EP ‘Lunar’ del que ya ha lanzado tres temas con muy buena aceptación.
El último ‘single’ titulado ‘Gelato Festa’ se publicó la semana pasada. Nos sentamos a charlar con ella para hablar de su trayectoria artística y de aquello que espera colmar con su incursión en la música, aunque sin perder de vista su sólida trayectoria en el cine.
Begoña, se abre camino en la música tras consolidarse como actriz. ¿Cómo llega este reto?
Llevo ocho años poniendo todo mi esfuerzo y aprendiendo en la faceta artística de la interpretación a la que, ahora, he añadido la música. Por compararlo con el deporte, diría que he cambiado de especialidad dentro del atletismo y soy velocista. Esta carrera de fondo me ha enseñado muchas cosas porque, además, mi padre ha corrido siempre y mi primera carrera fue de su mano con 3 años.
Notaba la música latiendo en su interior y tenía que explotar esa faceta. ¿Cuándo hizo ‘click’?
En 2004 me sentía triste sin saber por qué. Me fui de España para analizar mi vida con perspectiva y ver si las decisiones personales y laborales que tomaba iban enfocadas hacia un objetivo con sentido porque iba con piloto automático y me di cuenta de que me autolimitaba a ser actriz. Soy artista porque me gusta pintar, cantar, bailar, actuar. Me di la libertad de hacer lo que me gusta y sentía: la música. Me fui a L.A. y escribí el EP, aunque la interpretación es mi camino y me encanta.
¿Qué mensaje lleva su música?
El resultado de mi primer EP es lo que hace sentir cómoda como artista musical. He tratado de ser lo más orgánica posible porque, para dar este primer paso, lo más fácil era ser yo de la manera más natural posible, enseñando mis letras y expresándome como artista: dejando mi huella de cómo veo el mundo y entiendo la vida. De pequeña me veía muy rara, pero la música es un lenguaje universal.
¿Qué parte interpretativa tiene cantar?
Si a los cantantes les llaman intérpretes será por algo. El EP es autobiográfico porque nunca había hablado de mí y me ha servido para abrir mi corazón a quien quiera conocerme.
¿Cómo presentaría su proyecto?
¿Qué tal?, soy Begoña, escúchame (risas). Cada canción nace de una manera. Toda mi vida he tenido libretas en las que vertía mis vomitonas y sacaba canciones, pero ahora me fluye porque la mente se acostumbra. La idea es darles vida bailando, cantando e interpretando en directo.
¿Qué le aporta el baile?
Es lo mejor que me ha pasado en la vida, una fusión entre hacer deporte y calistenia en la que no usas pesos, pero dominas tu cuerpo y es guay. En el baile desfogas como en el boxeo, aunque es diferente. Soy de bailes modernos y consigo calmar el fuego que llevo dentro porque no paro. Sé hacerlo, pero me encanta aprender e irme a casa pensando en qué me han dicho. El deporte me aclara la mente y me quita pajas mentales. Combino pilates de máquina y baile y si me invitan a jugar a pádel voy. De pequeña no tenía amigas y en el ‘cole’ me acercaba a los chicos para que me dejasen jugar al fútbol. Los ‘freakies’ y nosotras éramos los últimos en ser los escogidos para los equipos.
¿Cómo pasa los veranos?
Quemo el tiempo sin estar pendiente del reloj en chiringuitos de playa disfrutando de sus atardeceres. Me encantan las islas Canarias y las Baleares.
¿Sigue algún deporte a diario?
El tenis es armonía, elegancia y me entretiene. Mis padres y hermanos van a partidos del Atlético, pero no conecto con ese ambiente. Soy hiperactiva, tengo déficit de atención y el fútbol no ayuda a concentrarme.
¿Es ‘colchonera’?
Soy del equipo de papá, el Atlético, y de mamá, el Athletic, así que todo es dinámica rojiblanca. No quería conflictos en casa y siento ambos. Defiendo las raíces y como mi madre es bilbaína y mi padre madrileño soy una mezcla.
¿Qué le gusta del Atlético y del Athletic?
El Atlético es valentía y sus aficionados son gente sufridora porque no saben si ganarán o perderán. Con el Athletic me pasa que todo lo que huele a Euskadi me tira. El Barça me cae muy bien porque me gusta Catalunya. Aquí siempre me han abrazado y los catalanes me recuerdan a los del norte: de primeras no los pillas, pero cuando lo haces los tienes para siempre. Me encanta la Costa Brava, andar por La Cerdanya y adoro la cultura catalana.
¿Tiene algún referente deportivo?
Gemma Mengual: una diva. Me hacía ilusión ver natación sincronizada por televisión porque se parece al baile y me veía reflejada.
¿Qué queda de la ‘Tere’ de ‘Las leyes de la frontera’ película con la que se dio a conocer?
Fue la mejor película de mi vida y sólo queda el recuerdo. Disfruté creándola, viviéndola, haciéndola y viéndola, pero esa persona nunca fui yo, aunque mis personajes me enseñan muchas cosas. El trabajo de actriz supone una empatía brutal y la interpretación me ha dado visibilidad para conectar y Tere desbloqueó partes de mi personalidad. Me dio poderío y ayudó a tomar decisiones. Por el tipo de vida que llevaba esa gente (ndr. ladrones en los ochenta) en esa época no sabían dónde estarían el día siguiente y vivir al límite me hizo relajarme y no pensar tanto en el futuro. Es más inteligente vivir en el presente que en el futuro.
¿Cómo ve el cine español actual?
Me gusta el cine de autor, pero desearía que llegasen directores jóvenes con ideas vanguardistas como Oliver Laxe con ‘Sirat’. Es hora de abrir camino a nuevas ideas y refrescar nuestro cine. Para hacer tu ópera prima necesitas que te apoyen a nivel social y, actualmente, no se refleja cómo está el país. La música, el cine o la moda reflejan lo qué somos así que molaría que hubiese más directores noveles.
La última, ¿qué sonaba en el coche de sus padres?
Los Beatles en la furgoneta de mi padre y mi madre ponía Michael Jackson, Alejandro Sanz, Mecano, Luis Miguel, Sabina o Celtas Cortos. Yo les pinchaba Hanna Montana.