El fútbol es muy caprichoso. Han tenido que pasar casi tres años para que Hernández Maeso, el árbitro que dejó al Levante UD sin ascenso en 2023, volviese a pitar un partido del conjunto granota. Casualidades —o no— de la vida, ha tenido que ser en esta jornada frente al Deportivo Alavés. Qué el club y la afición haya sanado la herida que se abrió esa fatídica noche de junio, no quiere decir que el daño de la misma se haya olvidado. El Ciutat de València le recibió como quien ‘merece’ un castigo por el dolor ocasionado. Si unos tímidos silbidos acompañaron la entrada del equipo albiazul, con la llegada de Maeso los decibelios aumentaron.
Desde el pitido inicial, la parroquia levantinista no perdonó ni una. No se habían alcanzado los cinco minutos de juego y la afición del Levante mostró su descontento con la decisión del árbitro de no señalar falta en una acción donde Iván Romero cayó derriba al suelo cuando iba a hacerse con el balón para completar la contra iniciada con Kareem Tunde. Entre algunos abucheos y cánticos de “fuera”, la primera parte se durmió son un único amonestado: Víctor Parada.
La roja a Parada
La retahíla de amarillas llegaría en la segunda parte —siete en total, solo una de ellas para un jugador del Levante: Paco Cortés—. No sin ir acompañada por la insatisfacción de la afición granota por las acciones que Maeso dejó pasar por alto: como una posible mano del Alavés en área propia. Se prendió la mecha en el Ciutat cuando el colegiado del comité extremeño no pitó una falta a Antonio Blanco después de derribar a Olasagasti e instantes posteriores sí que castigó al Levante, al señalar un empujón de Iván Romero sobre un futbolista del equipo babazorro. Eso sí, cumplida la hora de juego dejó al conjunto del Cacho Coudet con uno menos, tras sacarle la segunda amarilla —cuento menos polémica— a Parada.